Regreso a Ítaca - Rebeca Gutiérrez

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[ES] Regreso a Ítaca

Abdón Lopez Caballero nació en 1932 en un pequeño pueblo de 1000 habitantes a 30 km de Soria: Gómara. Su madre le dio a luz el 1 de enero en una alcoba de la casa de fachada roja al final de la calle subida al Castillo. Curioso y travieso, Abdón vive su infancia en Gómara. Para el niño, son los tiempos de tirarse cuesta abajo en carromatos de desguace, saltarse la tapia para coger la fruta de la huerta del alcalde, de rapiñar canastos de uvas y gasolina en la plaza mayor, de aprender a leer y a escribir, de recolectar setas de cardo, de echar el día en el llano pastoreando con su padre y su rebaño de ovejas. Para España, son los tiempos de los uniformes grises y rojos, del hambre y la escasez, de la guerra civil, del dolor y el silencio.

Tras la muerte de su padre en 1942, Abdón viaja a Madrid. Vive y trabaja muchos años como campesino en Gózquez de Arriba, una finca agropecuaria en San Martín de la Vega. Allí conoce a Isabel, el amor de toda su vida, con la que se casa en 1959. Marido y mujer se mudan a Pinto ese mismo año. Trabajador tenaz, Abdón trabaja primero como albañil, más tarde en la fábrica de Pistones terminando en Bombas Bru. A principios de los años 60, compra un terreno y con sus propias manos y esfuerzo construye su casa en el número 7 de la calle de las Alpujarras, en la que vive desde 1964 hasta la muerte de su mujer a principios de 2014.

En Agosto de 2016, a sus 84 años y acompañado de su hija, yerno y nieta, Abdón regresa a Gómara, que en esos días celebra sus fiestas patronales en honor al Santo Cristo del Amparo y la Virgen de la Fuente. Abdón recorre las calles de su pueblo natal sumergido en su infancia. Habla con todos los que encuentra a su paso. En cada encuentro, los recuerdos florecen, la memoria se hace fértil: nombres, relaciones de parentesco, oficios y anécdotas. La sonrisa le ilumina el rostro. Busca y encuentra a Juliana Sanz, la persona que guarda la llave de la ermita de la Virgen de la Fuente. En el interior de la ermita, Abdón alumbra dos velas como ofrenda a la Virgen milagrosa, una de ellas para su mujer Isabel. La casa de hospedería de la ermita fue su patio de recreo y hoy sirve de trastero de los pupitres y las sillas de la vieja escuela.

En la plaza mayor, una charanga venida de Soria toma el vermut en el Bar Cosín, mientras Abdón disfruta de un almuerzo en familia. Por la tarde, pasea por la margen del río Rituerto por las tierras de secano de su infancia. Su silueta se dibuja a contra-luz entre los campos de cultivo. Piensa en su mujer: “lo único que le faltó fue conocer el río”. Regresa a Pinto con los últimos rayos de sol. Esa noche olvida conectar su concentrador de oxigeno antes de irse a dormir. La dicha le acuna y se sumerge en un sueño reparador y profundo.


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