Motherland - Rebeca Gutiérrez

[EN] MOTHERLAND

Theodora was born in the interwar period in Haltern, Germany, a small town 80 km north of Dusseldorf, where her parents had built the farm where she has lived all her life. Theodora lost her mother when she was 20 and became an orphan when she was 23. In 1957, at 25, she married Alfons, her neighbor, a farmer’s son, a German soldier at the Eastern front and a prisoner of war in Siberia for 5 years. For years, Theodora's hands seeded and ploughed the fields of barley, wheat and corn surrounding the farm. They raised her two daughters, Maria and Doris. They milked, fed and helped to deliver the cows. They sold milk and meat. They stacked straw and cleaned the stables. They created a home where all the animals have their own name. Now, at 83, she spends most of the day lying or sitting down because of a pain in her hip but her hands, great conversationalists, keep on moving from here to there, from memories to current topics, talking in a lucid manner and full of humor.

Theodora is sitting in the living-room, next to the kitchen, with her sepia-toned wedding photograph, a picture of Jesus Christ's last supper, a woodcarving of the Virgin Mary and family photographs. The farm is built on a mining site and the foundations are sinking bit by bit into the ground. The walls, decorated with wallpaper, cannot hide the cracks in the structure of the house. On the table there is raisin bread and rye bread, butter, soft cheese, apple cake, almond and nut cream. Theodora speaks of her childhood: “My father never joined the NSDAP and we didn't receive the fertilizers for the fields that the government provided to our neighbors. Our milk quota was very low¨. About the woman's role in the war: ¨Men fight the war, women survive it.” The farm was taken over by American soldiers after the war: “The Americans were nice and respectful people, the Russians weren't”, and later formed part of the British occupation zone and years later of the Federal Republic of Germany.

Maria, the elder daughter, was a teenage mother. Gudrun, her only daughter, was born in the spring of 1978. In the winter of 1978, Maria became a single mother, without any training, money or her own place to live. Theodora supported her daughter: “We'll make it”. Maria then had to learn all the farm work. She learned to get up every day of the year at the crack of dawn. To wake up with a cup of green tea and putting on her work boots. To open the gates of the stable. To milk the cows in the morning and in the evening. To put aside fresh milk for the calves, the cats and for her own use. To clean out the manure, to tolerate the smell of ammonia, to dry the straw and add new straw. To fill the feeders and drinkers. To move the herd to the pasture and to learn to put ropes on the calves. To get to know the habits and behavior of the cattle. To seed, fertilize, work and fallow the land. To use the blade, the rake and the sickle. To drive the tractor and to repair the machinery. At 22, Maria suffered from chronic pain in the back. The doctor diagnosed that she would be in a wheelchair by the time she was 30. He was wrong: “The physical work saved me, it made me strong”.

The grandfather Alfons died in 1998 and the farm remained in the hands of its women. Doris, the younger daughter, found work as a secretary and stayed to live in Haltern. Gudrun, the granddaughter, lives in Frankfurt and works as a translator in a law firm. Maria and Theodora remain at the farm. Maria, mother and farmer, took over from Theodora. She formed a habit of ignoring the voices that kept saying: “You can't do this!”. She inherited her mother's way of laughing off comments like: “Could I speak to the man here?” – “I'm sorry, that vacancy hasn't been filled yet”. Theodora adds: “The men in our family never had much to say but everyone keeps asking for them”. The farm now has half a dozen adult cows for the production of milk, the same number of young calves and broadband Internet. And it is the motherland for three great women.


[ES] MATRIA

Theodora nació en la Alemania del periodo de entreguerras en Haltern, una pequeño municipio a 80 km al norte de Dusseldorf, donde sus padres construyeron la granja donde ha vivido toda su vida. Theodora perdió a su madre a los 20 años y se quedo huérfana a los 23. Se casó en 1957, a sus 25 años, con Alfons, su vecino, hijo de granjeros, soldado alemán en el Frente Oriental y prisionero de guerra en Siberia durante 5 años. Las manos de Theodora han sembrado y arado durante años los campos de cebada, trigo y heno que rodean la granja. Han educado a sus dos hijas, María y Doris. Han ordeñado, alimentado y ayudado a parir a sus vacas. Han vendido leche y carne. Han amontonado paja y limpiado los establos. Han creado un hogar donde todos los animales tienen nombre propio. Hoy, a sus 83 años, yace tumbada o sentada la mayor parte del día a causa de una dolencia de cadera, pero sus manos, grandes conversadoras, siguen moviéndose de aquí para allá, del recuerdo a los temas de actualidad, con un hablar lúcido y lleno de sentido del humor.

Theodora está sentada en la sala de estar contigua a la cocina, junto a su retrato de bodas en sepia, un cuadro de la última cena de Cristo, una talla de madera de la virgen María y fotografías de la familia. La granja está construida en una zona minera y se hunde poco a poco en sus cimientos. Las paredes, forradas de papel, no logran esconder las grietas estructurales de la vivienda. Sobre la mesa, pan de pasas y de centeno, mantequilla, queso tierno, café, bizcocho de manzana, crema de almendras y nueces. Theodora habla de su infancia: ¨Mi padre nunca se afilió al NSDP y no recibíamos los fertilizantes para los campos que el gobierno entregaba a nuestros vecinos. Nuestra cuota de leche era muy baja¨. Del papel de la mujer durante la guerra: ¨las hombres hacen la guerra, las mujeres la sobreviven. La granja fue tomada por soldados americanos durante la guerra: ¨los americanos son gente simpática y respetuosa, los rusos no¨, pasó a formar parte de la zona de ocupación inglesa y años más tarde de la RFA.

María, la hija mayor, fue madre adolescente. Gudrun, su única hija, nació en la primavera de 1978. En invierno María se convirtió en madre soltera. Sin formación, ni dinero, ni piso propio y con un bebé. Theodora apoyó a su hija: ¨saldremos adelante¨. María aprendió entonces todos los trabajos de la granja. Aprendió a levantarse todos los días del año con los primeros rayos de sol. A despertarse con una taza de café negro y calzarse las botas. A abrir los portones del establo. A ordeñar las vacas por la mañana y por la tarde. A reservar leche fresca para los terneros, gatos y el consumo propio. A retirar el estiércol, tolerar el olor a amoniaco, airear la paja y agregar paja nueva. A llenar los comederos y bebederos. A arrear al rebaño al pasto y aprender a lazar terneros. A conocer los hábitos y el comportamiento de las reses. A sembrar, abonar, labrar y barbechar la tierra. A utilizar la pala, el rastrillo y la hoz. A conducir el tractor y a arreglar la maquinaria. A los 22 años, María sufría dolores crónicos de espalda. El médico diagnosticó que a los 30 estaría en una silla de ruedas. Y se equivocó: “el trabajo físico me salvó, me hice fuerte¨.

El abuelo Alfons murió en 1998 y la granja se quedó en mano de sus mujeres. Doris, la hija menor, encontró un trabajo de oficina y se quedó a vivir en Haltern. Gudrun, la nieta, vive en Frankfurt y trabaja como traductora en un gabinete de abogados. María y Theodora siguen allí. María, madre y granjera, tomó el relevo de Theodora. Forjó el hábito de desoír las voces que le repetían ¨¡no puedes hacerlo sola!¨. Heredó de su madre la afición a la risa: ¨¿puedo hablar con el hombre de la casa?”, “disculpe, el puesto sigue vacante”. Theodora añade: ¨los hombre en nuestra familia no han tenido nunca mucho que decir, pero todo el mundo pregunta siempre por ellos¨. La granja tiene hoy media docena de vacas adultas para la producción de leche, otras tantas terneras jóvenes e Internet de banda ancha. Y es patria, chica, de tres grandes mujeres.

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